Ora por mí

En el condado de Adams, había una pareja joven de novios, que había estado saliendo durante muchos meses. La niña tenía la esperanza de que su novio algún día le pidiera que fuera su esposa, pero durante una discusión muy fuerte, el joven le gritó: «¡Nunca me casaré contigo!» La chica estaba devastada, y esas palabras calaron muy profundo en su ser, que optó por quitarse la vida.

El novio bastante insensible, muy pronto consiguió una nueva novia, y ni siquiera la recordaba. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que su vida despreocupada fuera interrumpida por el fantasma de su novia muerta. Cada vez que el muchacho intentaba caminar a la casa de su nueva novia, se enfrentaba en la calle a la alma en pena de su ex amante. El Fantasma no decía nada, sólo no lo dejaba pasar. El joven no pudo más y se rindió. Fue a su casa lleno de preocupación, no podía ni siquiera comer, peor dormir. Llegó un momento en que la situación se volvió insostenible y decidió consultar a un sacerdote.

El amable sacerdote escuchó la extraña historia del muchacho y le ofreció una sugerencia: «Esta noche, cuando veas al espíritu”, dijo, “llámala por su nombre y luego pregunta: ¿Qué hay de malo en tu tumba que no te deja descansar?»

Armado con este consejo, el joven emprendió a recorrer su ruta nocturna. En poco tiempo, la vio: la pálida y triste aparición de su ex novia flotaba ante él en la calle. Cuando ella le bloqueó el camino con su espectral forma, él le hizo la pregunta sugerida por el moderno levita. El fantasma separó sus labios y pareciendo reunir toda su fuerza, aulló las palabras: «Ora por mí, ora por mí». Luego desapareció en un estallido de luz blanca y fría, dejando a su novio más confundido que nunca.

El hombre hizo lo que el espíritu le pedía. Fue directamente a su casa y oró por el alma de la niña durante toda la noche. Al amanecer regresó a la iglesia y habló una vez más con el clérigo. El sacerdote escuchó la historia y le dijo al hombre: «Celebraré una misa especial y trataré de entender por qué esa pobre alma quiere que oremos. Hasta entonces, continúa orando por ella cada hora».

Al día siguiente, a las cinco de la madrugada, el sacerdote celebró una misa y oró por comprensión. Su concentración era tal que se empapaba de sudor y no tenía conciencia de lo que lo rodeaba. Sin embargo, finalmente, se le concedió una visión de la angustia de la niña muerta. Más tarde en ese mismo día, llamó al joven.

«Tuviste una relación muy seria con esta mujer», dijo. «Tal vez estabas considerando casarte». El joven asintió, aunque estaba un poco sorprendido. Había sido deliberadamente ambiguo al contarle al sacerdote su historia con la chica.

«Creo que ella terminó con su vida porque sintió que la habías abandonado, pero no es por eso que no puede descansar. Hubo otra consecuencia más grave en tu fallido romance».

El joven se inclinó hacia delante, ansioso por escuchar la explicación del sacerdote.

«Ella llevaba un hijo», dijo finalmente el presbítero. «Ella es torturada porque, cuando se suicidó, también mató a tu bebé que debía nacer».

El novio se sorprendió. Por primera vez en su vida, tal vez, sintió un sentido de responsabilidad. Sus acciones de corazón frío habían causado una enorme cantidad de dolor. Al ver esto, resolvió inmediatamente hacer las cosas bien. Oró por el perdón y por la paz del alma de su novia, e hizo todos los esfuerzos posibles para cambiar su corazón con las mujeres. Su conversión debió ser efectiva, porque finalmente el espíritu triste encontró descanso y ya no lo detuvo en la oscuridad de la noche.

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