¿Águila ó pollo?

Un granjero, mientras daba cuidado sus tierras encontró un huevo de águila, y creyendo que se trataba de un huevo de común, lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos.

Toda su vida el águila hizo lo que hacían los pollos del corral. creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.

Pasaron los años, y el águila envejeció. Un día vio un ave magnifica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo apenas sus fuertes alas doradas.

La vieja águila miraba hacia arriba con asombro.

¿Quién es ése? preguntó.

Es el águila, el rey de las aves le dijo su vecino. El pertenece al cielo. Nosotros pertenecemos a la tierra; somos pollos.

Así, el águila vivió y murió como un pollo, porque creía que era un pollo.

Este relato lo contó Anthony de Mello a su amigo J. Francis Stroud, S.J. indicándole que todos somos Águilas, sin la conciencia de las alturas.

Águilas con las alas rotas, Águilas con la conciencia retraida, pero Águilas al fin…

Luz en la oscuridad y guía en el camino.

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