Sin Costo ¡Gratis!

Sin costo debes dar. Jesús toca un punto que parecería ser obvio: la mayoría de nosotros emprendemos la obra espiritual del Señor sin recibir el pago por ella. ¿Pero hay otros “costos” que podríamos esperar, además de la compensación monetaria? A veces miramos a los demás esperando su estima, respeto o admiración; En otras ocasiones, podríamos mirar a Dios, esperando su favor o consuelo en la oración. De muchas maneras, visibles u ocultas, podemos estar esperando algún tipo de recompensa espiritual.

Cristo nos enseña el principio que nos ayuda a purificar nuestras intenciones: Usted debe dar sin costo porque sin costo usted lo ha recibido. ¿Y qué hemos recibido? La gracia, la propia vida de Dios dentro de nosotros, animándonos y elevándonos para ser sus instrumentos, para servir como conductos, por así decirlo, de esa misma gracia. Por su propia iniciativa y sin costo, Dios nos ofrece este gran regalo.

Cuando hacemos el trabajo del Señor como jornaleros para su cosecha, debemos comprender que es su cosecha, porque el fruto de nuestro trabajo resulta principalmente de su trabajo en nosotros, de su don original (cf. Fil 2, 13). Sin costo, el Maestro trabaja en nosotros y a través de nosotros, permitiéndonos y ennobleciéndonos en este trabajo; imitemos al Maestro y demos a otros también sin costo. Reflexión basada en Mateo 9: 35-10: 1, 5a, 6-8
SCOTT G. HEFELFINGER

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