6 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

Mateo 5, 20-26

El que esté enojado con su hermano será juzgado. (Mateo 5,22)

A primera vista, estas palabras parecen muy duras. ¡Seguramente Jesús no pondría la ira al mismo nivel que el asesinato! ¿No lo entendería si pospongo la reconexión con mi hermano o hermana por un tiempo más?

Para la respuesta, tenemos que mirar dentro de nuestros corazones. La ira es una emoción humana normal, pero como con todas las demás emociones, nunca debemos dejar que nos controle. Solo con dar un breve vistazo a las consecuencias de la ira descontrolada, nos muestra cuán destructiva puede ser: el abuso doméstico, divorcio, furia en la carretera y, sí, asesinato. Incluso la ira oculta puede ser mortal. Oculto bajo la fachada de una sonrisa y un comportamiento agradable, puede conducir a patrones de orgullo, celos, juicio y chismes.

No podemos darnos el lujo de pasar por alto los resentimientos que podemos tener contra otras personas. La ira que hemos ignorado puede ser como un veneno que nos hemos tragado. Este veneno de amargura y hostilidad puede arrojar una sombra sobre nosotros. Puede contaminar nuestras relaciones y convertirse en la lente oscura a través de la cual vemos el mundo. Podemos tratar de mantener estos sentimientos dentro de nosotros. Podemos ignorarlos ya que realmente no amenazan a nadie. Pero tarde o temprano, tendremos que lidiar con ellos, incluso si la persona contra la que tenemos estos sentimientos ha abandonado nuestras vidas.

Jesús es muy claro acerca de nuestra necesidad de reconciliarnos unos con otros. Él es el Dios de la paz, y nos ha dado “el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5, 18).

A medida que permitimos que el Espíritu Santo nos ayude a resolver nuestros conflictos internos, nos resultará más fácil vivir en armonía con todos, incluso con aquellos que nos han lastimado en el pasado.

Así que, haz tu mejor esfuerzo para perdonar. Si hay una ofensa que es demasiado difícil de perdonar, intenta hoy dar un pequeño paso hacia esa meta. Y da otro paso mañana. Pasa tiempo con el Señor y deja que su gran regalo del tiempo te cure lentamente.

¡Jesús realmente puede hacerte completo y llevarnos a todos a la reconciliación! “¡Ven, Espíritu Santo, y quema toda la amargura en el fuego de tu amor!”
Ezequiel 18, 21-28 Salmo 130, 1-8

cuaresma 6 marzo 20 desierto

 

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