25 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

25 de marzo

La Anunciación del Señor Lucas 1: 26-38

¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo (Lucas 1:28)

¿Por qué crees que el ángel Gabriel saludó a María con estas palabras? Tal vez porque quería que María supiera que Dios ya la había llenado de toda la gracia que ella necesitaría para decir que sí, el sí necesario para llevar al Hijo de Dios al mundo. Tal vez él también quería tranquilizarla: ella podía contar con que Dios siempre estaría con ella, no solo en ese bendito momento.

María podría no haber tenido mucho tiempo para reflexionar sobre el saludo del ángel hasta más tarde, después de haber dicho que sí al plan de Dios. Pero a medida que el bebé crecía en su útero, probablemente lo pensaba con frecuencia. Sabía que lo que Dios le pedía no iba a ser fácil. Sin duda este era un niño especial. ¿Cómo iba a criar a Jesús para ser rey y sentarse en el trono de David, como había dicho el ángel? (Lucas 1: 32-33). Cuando tales preguntas giraban en su mente, ella siempre podía regresar y recordar las palabras del ángel: Dios estaba con ella, y también su gracia.

¿Cuándo te ha pedido el Señor que hagas algo difícil? Tal vez tú recibiste un hijo con necesidades especiales para criar, o quizás estás cuidando a un cónyuge o padre enfermo, o estás tratando de superar las tensiones en su matrimonio. Todos nos enfrentamos a situaciones en las que Dios nos pide que hagamos lo que parece más allá de nuestras capacidades. Es posible que tengamos que decir sí al Señor no una, sino muchas veces mientras luchamos por ser obedientes a su plan para nuestras vidas.

Pero lo que el ángel le dijo a María también es cierto para nosotros. María nació sin pecado original, pero debido a nuestro bautismo, también estamos llenos de la gracia de Dios. Él habita en nosotros. Eso significa que Él siempre está con nosotros y que su gracia siempre está disponible para nosotros.

Cuando María dijo que sí al ángel, Jesús vino al mundo para salvarnos y compartir su vida divina con nosotros. Ahora podemos avanzar, día a día y paso a paso, para hacer lo que Dios nos pide, ¡porque nosotros también estamos “llenos de gracia” (Lucas 1:28)!

“Señor, gracias por darme la gracia de decir sí a lo que sea tu voluntad para mí”.
Isaías 7: 10-14; 8:10 Salmo 40: 7-11 Hebreos 10: 4-10

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