31 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

31 de marzo

Juan 8, 21-30

El que me envió está conmigo. (Juan 8:29)

Sabemos que el Padre envió a Jesús al mundo para cumplir la misión de salvarnos del pecado, pero ¿sabías que no lo envió solo? Como Jesús deja claro en el Evangelio de hoy, su Padre estaba con Él en todo momento. Ahora, debido a nuestro bautismo, esto también es cierto para nosotros. Cuando Dios nos envía, Él permanece con nosotros. Aquí hay una historia que ilustra esta verdad.

El hermano de Emily, Dennis, estaba gravemente enfermo. Dennis había estado alejado de su familia y vivía en una zona roja de Las Vegas. Tanto Emily como su madre estaban constantemente preocupadas por Dennis y querían restablecer una relación con él, pero no sabían cómo contactarlo.

Cuando Emily escuchó que su querida amiga Nina estaba planeando una visita a Las Vegas, le preguntó si ella podría tratar de encontrar a Dennis. ¡Era mucho pedir! Nina tendría que aventurarse en un mal barrio de la ciudad, y solo tenía unos pocos indicios sobre dónde vivía Dennis. Pero aceptó intentarlo.

Cuando Nina entró en un vecindario donde esperaba encontrar a Dennis, casi retrocedió por miedo a su seguridad. Pero ella seguía orando, pidiéndole a Dios que la protegiera. Cuando salió de su auto y comenzó a preguntarle a la gente dónde podría encontrarlo, sintió que un suave empujón del Espíritu Santo era persistente. Cada persona que le preguntó la llevó un poco más cerca. Al final, encontró a Dennis, ¡y él la recibió!

La visita de Nina con Dennis fue una bendición para ambos. Ella le dijo cuánto lo amaba su familia y ellos deseaban volver a conectarse con él. Ella le tomó una foto e intercambiaron números de teléfono. Finalmente, se restableció la relación entre Dennis y su familia, ¡solo unos meses antes de que Dennis y su madre fallecieran!

Tal como lo hizo con Nina, Dios estará contigo en cualquier trabajo o misión que te pida. Puede que no siempre veas el fruto de tus esfuerzos, pero puedes confiar en que Dios te guiará, protegerá y te dará toda la gracia que necesites.

“Padre, creo que estás conmigo mientras hago el trabajo que me has enviado a hacer”.
Números 21, 4-9 Salmo 102, 2-3, 16-21

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