Miércoles Santo – 8 de Abril

Miércoles Santo 8 de abril

Mateo 26, 14-25

¿Soy yo, acaso? (Mateo 26, 25)

La traición de Judas se vislumbra en el comienzo de la historia de la pasión y muerte de Jesús. De hecho, toda la historia se pone en marcha cuando Judas acude a las autoridades y hace los arreglos para entregar a Jesús.

Luego, en el Evangelio de hoy, vemos a Jesús prediciendo que uno de sus discípulos lo traicionará, justo antes de que les ofrezca su Cuerpo y Sangre. Pero nota que la atención no se centra tanto en la traición de Judas como en la bondad y la misericordia de Jesús. Él sabe lo que hará Judas, pero no lo expone ni pronuncia palabras de condena. Simplemente da un vago “Lo has dicho” a la pregunta de Judas: “¿Acaso soy yo, maestro?” (Mateo 26, 25). Parece que hasta el final, Jesús mantuvo la esperanza de que Judas se arrepintiera.

Así es como Jesús te trata a ti también. Él no tiene interés en avergonzarte cuando caes en pecado, y ciertamente no quiere condenarte. Él quiere perdonarte y curarte. Él quiere restaurar tu dignidad como hijo de Dios. Pero Él nunca te obligará a hacer nada, incluso arrepentirte. Dios te creó con libre albedrío, por lo que Jesús siempre esperará que elijas libremente reconocer tu pecado, para recibir su absolución y para reconciliarte contigo mismo.

En estos últimos días de Cuaresma, ¿por qué no buscar su perdón en el Sacramento de la Reconciliación? Hágase algunas preguntas simples:

• ¿Estoy ocultando algún pensamiento o acción del Señor?

• ¿Estoy negando mi responsabilidad por cualquier mal que me haya hecho a mí mismo o a otros?

• ¿Mi corazón no está completamente abierto al Señor en ninguna área?

Lleva tus respuestas al confesionario. ¡No es demasiado tarde! Solo confiesa, y Jesús te mostrará el camino a seguir desde allí.

Jesús nunca está demasiado preocupado, ni demasiado ofendido o demasiado herido por tus debilidades o fracasos como para no perdonarte. No tiene intención de tomar represalias para someterte a vergüenza o rechazo. Reconoce tu pecado y deja que te reciba de vuelta con los brazos abiertos. Confiesa tus fechorías y deja que te muestre nuevas formas de pensar y actuar. Él espera bañarte con su perdón y amabilidad.

“Jesús, soy yo quien ha pecado contra ti. Perdóname y muéstrame el camino a seguir hoy”.
Isaías 50: 4-9 Salmo 69: 8-10, 21-22, 31, 33-34

judas i

 

San Dionisio de Corintio

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