Santa Catalina de Siena

29 abril

 

SANTA CATALINA DE SIENA, virgen y doctora de la iglesia.

Santa Catalina nació en Siena, en el distrito de Fontebranda, en 1347, siendo la vigésima cuarta de veinticinco hijos de una familia pequeña. Con solo seis años, tuvo la primera visión de Jesús vestido como el Sumo Pontífice con una capa roja y tres coronas en la cabeza. Junto a Jesús estaban los santos Pedro, Juan y Pablo.

El Papa estaba en ese momento en Aviñón y el cristianismo estaba amenazado por movimientos heréticos. Sin embargo, a la edad de siete años, Catalina hizo un voto de virginidad y se embarcó en el camino de la perfección cristiana: sus días fueron intensos con oraciones, penitencias y ayunos. A los doce años, sus padres decidieron el matrimonio por ella, pero Catalina se cortó todo el pelo y permaneció segregada en la casa. Fue obstaculizada y perseguida por la familia, hasta que el padre vio una paloma blanca volando sobre la cabeza de su hija, y enseguida dio su permiso para que pueda usar libremente el vestido de las “capas”, una orden dominica laica cuyos seguidores seguían viviendo en el mundo, haciendo un voto de obediencia, pobreza y castidad.

En 1367, Jesús se le apareció a Catalina, quien deslizó un anillo decorado con rubíes: la boda mística tuvo lugar y entre el novio, el ser querido sobre todos los demás bienes, y la novia estableció una relación de intimidad particular y comunión intensa. Más tarde, Cristo se apareció a la santa e intercambió su corazón por el de ella. Ahora Cristo vivía en ella. Pero el novio también le dio estigmas espirituales, es decir, internos. Catalina se dedicó de manera activa e incansable a obras de caridad: los enfermos, los pobres, los prisioneros recibieron su consuelo. Como analfabeta, mantuvo una correspondencia copiosa e intensa con políticos, históricos, religiosos, soberanos, prelados de la época, porque su preocupación era lograr la paz en la patria y la purificación de la Iglesia. Catalina sufrió mucho por el mundo, a merced del desorden moral y el mal y, con sus palabras apasionadas y abrasadoras, sacudió sus mentes y corazones, causando conversiones y renovación. Su creencia era que la justicia infinita de Dios, como una lluvia fresca, cubría las injusticias de los hombres. Regresó al cielo en 1380, a los 33 años. Nombrada doctora de la Iglesia Universal, copatrocinadora de Italia y Europa, en la Iglesia católica se encuentra entre los santos más venerados.

 

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