Rafael Carpio Abad

Ahora que se cumplen los 200 años de Independencia de Cuenca, quiero rememorar a uno de sus muchos preclaros hijos
RAFAEL CARPIO ABAD

Sacando recuerdos de esas tardes, en que los niños salíamos al barrio a pasear y jugar, salíamos entre amigos a esa plazoleta de San Roque, como le decíamos, y era muy frecuente encontralo sentado junto a su bastón, con un sombrero antiguo, el rostro algo cansado y un poco viejo. Era enojado, pero aceptaba que le preguntáramos algunas cosas.

De niños, no sabíamos mucho de «este es un gran autor» o «ese viejo compuso la chola cuencana» De verdad, eso no importaba mucho, aunque mi padre nos decía que esa canción que bailaban todos los cuencanos, era obra de aquel viejo del banco de la plazoleta.

Una vez le pregunté: señor, ¿usted es el que compuso la chola cuencana? me dijo como enojado: «sí muchacho, lárgate a jugar» Sí, lo sé, en mis recuerdos lo tengo como cascarrabias, pero no era así, era un buen hombre que vivía en la Calle del Farol, a una cuadra de aquella plazoleta.

Mi amigo Víctor Manuel y yo, éramos curiosos, quizá dentro de nosotros había esa sed de cultura y un día lo seguimos. Cuando llegó a la puerta de su casa volteó y nos miró. De todo ese enojo (según yo) salió una sonrisa y nos invitó a pasar. La verdad no tengo recuerdos muy claros de cómo era la casa de Rafael Carpio Abad, pero pasamos y nos dieron unos refrescos, y el viejo de la plazoleta nos contó algunas historias, que lamentablemente, por mi frágil memoria ya no recuerdo, pero debieron ser de sus andanzas, como él decía. Pasamos una bonita tarde, que no es poco recuerdo.

Pasaron los años, y cuando Víctor Manuel se había ido del país y yo estaba en otros barrios, llegó la noticia de que el «viejo de la plazoleta» había fallecido. Tenía 99 años de edad y ya había cedido al descanso. El gran músico cuencano nació en el año de 1905, un 23 de octubre. Era cuencano de sepa, nacido en la Parroquia de El Sagrario.

Ésta no es una biografía, sino una anécdota para recordar, pero los que saben, dicen que desde muy niño demostró sus dotes artísticas, y no sólo musicales, porque también escribía, un verdadero artista de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad, a la que hizo vibrar con sus composiciones. Es que llevaba en la sangre el arte, su padre Don Joaquín Carpio Cabrera era músico, y él lo envió al Conservatorio de la ciudad.

Una de sus canciones más famosas la hemos cantado y bailado todos lo cuencanos y tal vez, todos los ecuatorianos: la Chola Cuenca, que con letra de Ricardo Darquea se ha convertido en el Himno alterno de la ciudad. Y su pasillo más famoso es Chorritos de Luz, vibrante en sentimiento y en amor. Cantó a muchas ciudades del Ecuador, a Quito, a Guayaquil, a Ibarra y muchas más. Autor de muchos himnos, canciones religiosas y una abundante obra que cualquier buen cuencano debería escuchar, y si no lo conoce, investigar. El Museo de la Ciudad Remigio Crespo Toral, tiene una base importante de su obra.

Falleció el 12 de febrero de 2004 y sus restos reposan en el Cementerio Patrimonial de Cuenca.

Rafael Carpio Abad

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