SAN DAMIÁN DE VEUSTER O DE MOLOKAI

* * *

SAN DAMIÁN DE VEUSTER O DE MOLOKAI
De la homilía de Juan Pablo II en la beatificación (4-IV-95)

4.- A lo largo de los siglos, la Iglesia no ha cesado de extenderse y de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, respondiendo a la petición del mismo Cristo que ha dado el Espíritu Santo, fuerza indispensable, para que los hombres cumplan esta tarea evangelizadora. La Iglesia da gracias al Espíritu Santo por el Padre Damián, porque es el mismo Espíritu quien le ha inspirado el deseo de consagrarse sin reserva a los leprosos en las islas del Pacífico, en concreto en Molokai. Hoy, por mi boca, la Iglesia reconoce y confirma el valor ejemplar del Padre Damián en el camino de la santidad, alabando a Dios por haberle guiado hasta el final de su existencia, por un camino a veces difícil. La Iglesia contempla con gozo lo que Dios puede realizar a través de la debilidad humana, porque «es Él quien nos da la santidad y es el hombre quien la recibe» (Orígenes).

El Padre Damián ha mostrado una forma particular de santidad a lo largo de su ministerio, era a la vez sacerdote, religioso y misionero. Por esta triple cualidad ha manifestado el rostro de Cristo, mostrando el camino de la salvación, enseñando el Evangelio y siendo un incansable agente de desarrollo. Organizó la vida religiosa, social y fraterna en Molokai, isla abandonada por la sociedad; con él, cada uno tenía su lugar y era reconocido y amado por sus hermanos.

5.- La celebración de este día es también una llamada a la solidaridad. Cuando Damián se encontró en medio de los enfermos pudo pronunciar estas palabras: «Nuestro Señor me dará las gracias necesarias para llevar la cruz hasta nuestro Gólgota particular de Kalawao». La certeza de que sólo cuentan el amor y el don de sí le animaba y le hacía feliz. El Apóstol de los Leprosos es un ejemplo resplandeciente de cómo el amor a Dios no nos aleja del amor al mundo, al contrario, el amor de Cristo nos lleva a amar a los hermanos hasta dar la vida por ellos.

8.- El Padre Damián experimentó la fe en la divinidad de Cristo desde su más tierna infancia, en su familia en Flandes. Creció con ella y la llevó después a sus hermanos y hermanas a las lejanas islas Hawai. Para confirmar hasta el final la verdad de su testimonio, ofreció su vida en medio de ellos. ¿Qué otra cosa hubiera podido ofrecer a los leprosos, condenados a una muerte lenta, sino su propia fe y esta verdad de que Cristo es Señor y de que Dios es Amor? Llegó a ser leproso en medio de los leprosos, llegó a ser leproso para los leprosos. Sufrió y murió como ellos, creyendo en la resurrección en Cristo, porque Cristo es Señor.

11.- Beato Damián, tú te dejaste conducir por el Espíritu Santo, como hijo obediente a la voluntad del Padre. Por tu vida y tu obra misionera, manifiestas la ternura y la misericordia de Cristo para todo hombre, desvelándole la belleza de su ser interior, que ninguna enfermedad, ninguna deformidad, ninguna debilidad pueden desfigurar totalmente. Por tu acción y predicación, recuerdas que Jesús asumió la pobreza y el sufrimiento de los hombres, revelando así su valor misterioso. Intercede junto a Cristo, médico de los cuerpos y de las almas, por nuestros hermanos y hermanas, para que, en las angustias y dolores no se sientan abandonados, sino que, unidos al Señor Resucitado y a su Iglesia, descubran que el Espíritu Santo viene a visitarlos y obtengan así la consolación prometida a los afligidos.

* * *

Un comentario sobre “SAN DAMIÁN DE VEUSTER O DE MOLOKAI

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s