LA CARIDAD ES LA VIDA DE LAS VIRTUDES

LA CARIDAD ES LA VIDA DE LAS VIRTUDES
De la “Vida perfecta para religiosas”, de san Buenaventura

Nada puede decirse más bueno, ni discurrirse cosa mejor, que la caridad para mortificar los vicios, para adelantar en gracia y para conseguir la perfección de todas las virtudes. Por esa razón dice san Próspero en el libro de la vida contemplativa: «La caridad es la vida de las virtudes y la muerte de los vicios», y como al fuego se funde la cera, así se desvanecen los vicios ante la caridad. Porque la caridad tiene tanto poder, que ella sola cierra el infierno, ella sola abre el cielo, ella sola infunde esperanza de salvación, ella sola nos hace amables a Dios. Es de tanta eficacia la caridad, que ella sola entre las virtudes se llama virtud, y el que tiene caridad es rico, opulento y feliz, y el que no la tiene es pobre, mendigo y desdichado.

San Agustín dice: «Si la virtud nos lleva a la vida feliz, yo afirmaría en absoluto que nada es virtud sino el sumo amor de Dios». Siendo, pues, tan grande la caridad, hay que insistir en ella con preferencia a todas las virtudes, y no en una caridad cualquiera, sino en aquella por la que Dios es amado sobre todas las cosas y el prójimo por Dios.

Pero cómo debes amar a tu Creador, te lo enseña tu mismo Esposo en el Evangelio, diciendo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu entendimiento. Oh hermana religiosa, amadísima sierva de Jesucristo, considera cuidadosamente cuál es el amor que tu amado Jesús pide de ti.

¿Qué harás, pues, para que en realidad de verdad ames al Señor tu Dios con todo tu corazón? ¿Cómo con todo tu corazón? Oye a san Juan Crisóstomo, que te lo explica: «El amar a Dios con todo tu corazón consiste en que tu corazón no esté más inclinado al amor de alguna cosa que al de Dios; en que no te recrees en alguna cosa del mundo, en las honras, en los padres, más que en Dios».

Mas el Señor Dios, Jesucristo, no sólo ha de ser amado con todo el corazón, sino también con toda el alma. ¿Cómo con toda el alma? Óyelo de san Agustín, que te lo enseña diciendo: «Amar a Dios con toda el alma es amarle con toda la voluntad, sin contrariedad». Ciertamente entonces amas con toda el alma, cuando haces gustosamente, sin contradicción, no lo que tú quieres, no lo que aconseja el mundo, no lo que sugiere la carne, sino lo que conoces que quiere el Señor, tu Dios. Por cierto entonces amas a Dios con toda el alma, cuando por amor de Jesucristo expones gustosamente, si fuera necesario, tu alma a la muerte.

Pero ama a tu Esposo, el Señor Jesús, no sólo con todo tu corazón, no sólo con toda tu alma, sino también con todo tu entendimiento. ¿Cómo con todo tu entendimiento? Escucha de nuevo a san Agustín, que te lo dice: «Amar a Dios con todo el entendimiento es amarle con toda la memoria, sin olvido».

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