LA HUMILDAD ES EL FUNDAMENTODE TODAS LAS VIRTUDES

LA HUMILDAD ES EL FUNDAMENTO
DE TODAS LAS VIRTUDES
San Basilio Magno, Homilía sobre la perfección espiritual

El alma es imagen del cielo, en donde habita Dios; el cuerpo está formado de la tierra, en la que moran los hombres y los animales. Las apetencias de nuestro cuerpo deben someterse a las exigencias del espíritu de oración, y sobreponerse a las primeras, para hallarse liberados y entregarse con mayor facilidad al ejercicio de las buenas obras.

Entra a orar en el secreto de tu alma, que en la soledad habla Dios, el cual se encarga después de premiar con largueza estos silencios. Utilísima sabiduría es hacer acopio para los tiempos de escasez. Las ardientes exhortaciones que pronuncies mientras te dedicas a las obras de apostolado, que se complementen con el trabajo manual y corporal; con ello, la sal de tus sudores confirmará el amor que demuestras en tu servicio a los demás y les convencerás más fácilmente.

No permitas que hagan los demás lo que cumple que hagas tú; de otro modo, ellos se llevarán el honor y la recompensa que estaban destinados para ti.

Tiene suma importancia servir a los demás: así se conquista el reino de los cielos. Este servicio desinteresado sirve de alimento de las restantes virtudes, y Cristo lo recomendó constantemente a sus discípulos. La primera virtud que proviene del servicio a los demás es la humildad, que se convierte en fundamento y fuente abundante donde se alimentan las demás virtudes. Las palabras de Jesús vienen espontáneas a la mente: Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; forastero, enfermo y preso, me visitasteis.

Debe resaltar principalmente la humildad cuando prestas tus favores en cargos públicos, en donde toda apariencia de altanería, desenfado o autosuficiencia causan graves molestias. Busca la compañía de los mejores e imítalos, conservando en tu corazón sus palabras y buenos ejemplos; incorpórate al grupo de las minorías, porque el bien abunda poco y porque son pocos los que arrebatan el reino. Muchos empiezan el camino de la santidad; pocos, sin embargo, perseveran en alcanzarla. Los que se hacen violencia por el reino, lo conquistan, y son palabras del Evangelio. Al decir hacer violencia, me refiero a los que hacen penitencia, buscan seguir las huellas de Cristo, se olvidan de sus gustos y del descanso para cumplir los mandatos de Jesús.

Si quieres alcanzar el reino de Dios, hazte violencia y somete tu voluntad al suave yugo de Cristo.

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