Cosas que Caen desde las Nubes

Objetos que caen de las Nubes

Los materiales orgánicos e inorgánicos que caen de las nubes, muchas de las veces son considerados simples anomalías en las propias nubes y, se las puede catalogar como nubes extraordinarias.

Allá por el año 1814, una revista de la época reportaba un caso bastante interesante sobre objetos caídos desde las nubes. Era el cinco de septiembre de 1814, al noroeste de Agen, en la legendaria Francia. Se reportó que poco después de las 11H00 un objeto se detuvo en el aire y permaneció inmóvil durante cierto tiempo, pero luego empezó a ir de un lugar a otro a velocidad y haciendo un ruido aterrador y ensordecedor. Cuando por fin se calmó, se dio una explosión que desperdigó por todo el lugar muchas piedras, muchas de ellas de un tamaño exorbitante. Cuando se calmó la nube desapareció así como apareció.

Se registran eventos comparables en Sienna, Italia (1794), Chassigny, Francia (1815), Noblesville, Indiana (1823) y en otros lugares, pero fenómenos como el narrado en el párrafo anterior, existieron y existen en numerosos lugares del planeta, porque no se circunscriben solo a Europa.

El 11 de diciembre de 1844, un periódico local de Adelaide, en el Sur de Australia registró el siguiente evento: Un reportero informa que ala 17H15 del 29 de junio se escuchó un gran trueno desde el vecindario de Killeter. Unos minutos después se logró divisar una pequeña nube que se deslizaba desde el sureste. La gente se emocionó mucho a ver este extraño suceso, pero de un momento a otro estalló, salió mucho humo y el ruido se volvió estridente y como un traqueteo de carroza y caballos. Cuando se pusieron a investigar, descubrieron que habían caído muchas piedras desde aquella nube. Se recogió una piedra pequeña a unos ciento cincuenta metros sur de Derg-Lodge, propiedad de Sir Robert A. Ferguson, Bart. MP, a seis kilómetros de Castlederg. Otro, que no podía tener menos de treinta centímetros de diámetro, si hubiera permanecido entero, se encontró como a medio kilómetro al sur del mismo lugar, a muy poca distancia de los hombres ocupados en los trabajos del campo. Se cree, además, que muchos cayeron en el terreno recién removido, y que aún no han sido encontrados. La superficie de estas piedras es negra, evidentemente por efecto del fuego, y se asemeja a la escoria de una fragua; el interior es ligero y poroso, y muy parecido a una piedra pómez pálida.

En una carta publicada en una edición de Science de 1932, John Zeleny recordó una extraña visión que había presenciado «en una clara noche de verano en Hutchinson, Minnesota, hace unos 35 años». Un cúmulo solitario, brillantemente luminoso, «se elevó majestuosamente desde el horizonte oriental», escribió, «brilló con una luz blanquecina uniforme, constante, vívida y pasó directamente sobre la ciudad. Cuando la nube estaba sobre su cabeza, una gran lluvia de insectos descendió a la tierra que cubría el suelo en torno a un número de 50 a 100 por medio metro cuadrado. Estos insectos resultaron ser una especie de hemípteros y no eran luminosos». Ese mismo verano (si Zeleny estaba en lo correcto al pensar que el episodio tuvo lugar en 1897) numerosas nubes pequeñas de color sangre llenaron el cielo sobre Macerata, Italia. Una hora más tarde se desató una tormenta, durante la cual cayeron miles de semillas. Desconocidas para la población local, finalmente fueron identificadas como pertenecientes a un tipo de árbol que se encuentra solo en África central y las Antillas.

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