Acuérdate de mí, ¡Oh! Señor, cuando vengas a tu reino

Acuérdate de mí, ¡Oh! Señor, cuando vengas a tu reino

Memento mei, Domine, dum veneris in regnum tuum.

Comentario respecto al buen ladrón.

Siempre, cuando llega Semana Santa recordamos al buen ladrón, ese hombre que defendió a Jesús estando los dos en la cruz y a quién Nuestro Señor le dio el Paraíso ese mismo día.

Que gozo tan grande de aquel ladrón, al hacer solo una oración y lograr el cielo, un solo momento y ganarse la gloria de la presencia de Dios. Si lo pensamos un poco, veremos que nosotros también podemos tener ese momento, al tener a Jesús al frente de nosotros en el sacrifico incruento de la misa.

Dimas lo tuvo solo un momento y lo aprovechó, pero nosotros lo podemos tener cada vez que se celebre la misa y lo debemos aprovechar con nuestra oración.

La víctima del calvario esparciendo misericordia. Es algo que nuestros corazones, solo si están enamorados podrían comprenderlo.

Pero hay algo que también debemos comprender. El buen ladrón estuvo en la cruz; abrazó su cruz cuando dijo: «nosotros nos lo merecemos, éste no» Aceptó la cruz y salió triunfante. Ya lo dijo san Ambrosio, no hubiese el ladrón llegado a tanta gloria, si no hubiese sido crucificado con Cristo, en el mismo lugar del suplicio. No se llega a la gloria si no se resiste el castigo.

San Francisco de Asís lo resumió muy bien: solo muriendo se resucita a la vida eterna.

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