LA SED DEL AGUA VIVA

Sábado de la segunda semana de Pascua

LA SED DEL AGUA VIVA

Meditaciones de Santo Tomas de Aquino

El que bebiere del agua que yo le daré, nunca jamás tendrá sed (Jn 4,
13).

A este pasaje parece oponerse aquel otro del Eclesiástico: Los que me beben, aún tendrán sed (24, 2ª). ¿Cómo, pues, nunca jamás tendrá sed quien bebiere de esta agua, esto es, de la sabiduría divina, cuando dice la misma sabiduría: Los que me beben, aún tendrán sed?

Ambas cosas son verdaderas, pues quien bebe del agua que Cristo da, tiene sed todavía, y al mismo tiempo no tiene sed; pero el que bebe del agua material, tendrá otra vez sed. Y esto por dos razones:

1º) Porque el agua material no es perpetua, ni tiene causa perpetua, sino deficiente. Por lo cual, necesariamente cesa su efecto. Todas aquellas cosas pasaron como sombra (Sab 5, 9). Mas el agua espiritual tiene causa perpetua, esto es, al Espíritu Santo, que es fuente inagotable de vida. Por eso, el que de ella bebe no tendrá sed jamás, del mismo modo que jamás tendría sed el que tuviese en sí una fuente de agua viva.

2º) Por la diferencia entre las cosas espirituales y las temporales. Pues aunque unas y otras produzcan sed, sin embargo, ésta es de distinta manera. Porque lo temporal, una vez poseído, no produce ciertamente sed de sí mismo, pero sí de otras cosas; mas lo espiritual quita la sed de las otras cosas, y produce sed de sí mismo. La razón de esto se funda en que lo temporal se estima como de gran valor y suficiente, antes de ser poseído; pero una vez que se tiene, como no se encuentra de tanto valor, ni suficiente para aquietar el deseo, no sacia este deseo, sino que provoca el deseo de poseer otra cosa.

Lo espiritual no es conocido sino cuando se lo posee. No sabe ninguno, sino aquel que lo recibe (Apoc 2, 17). Y por lo tanto, no provoca ningún deseo antes de ser poseído; pero cuando se le tiene y se le conoce, entonces deleita el corazón y mueve el deseo, no ciertamente para poseer otra cosa, sino que como es gustado imperfectamente a causa de la imperfección del que lo recibe, provoca a una posesión perfecta. De esta sed se dice: Sedienta está mi alma del Dios fuerte33 (Sal 41, 3).

Esta sed no se quita del todo en este mundo, porque no podemos percibir los bienes espirituales en esta vida; y por consiguiente, el que bebiere de esta agua todavía tendría sed, ciertamente, de su perfección; pero no tendrá sed jamás, como si faltase el agua, pues como se dice en el salmo 35, 9: Serán embriagados de la abundancia de tu casa. En efecto, en la vida de la gloria, donde los bienaventurados beben perfectamente el agua de la gracia divina, no tendrán jamás sed. Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia, a saber, en este mundo, porque ellos serán hartos (Mt 5, 6) en la vida de la gloria.

33 Santo Tomás dice: Sedienta está mi alma de Dios, fuente viva.

(In Joan., IV)

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