Salmo 15 (16)

Salmo 15 (16)

El sumo bien

Miktam de David

1∗
Presérvame, oh Dios, pues me refugio en Ti;
2∗
dije a Yahvé: “Tú eres mi Señor,
no hay bien para mí fuera de Ti”.
3∗
En cuanto a los santos
e ilustres de la tierra,
no pongo en ellos mi afecto.
4 Multiplican sus dolores
los que corren tras falsos dioses;
no libaré la sangre de sus ofrendas,
ni pronunciaré sus nombres con mis labios.
5∗
Yahvé es la porción de mi herencia 
y de mi cáliz;
Tú tienes en tus manos mi suerte.
6 Las cuerdas (de medir)
cayeron para mí en buen lugar,
y me tocó una herencia que me encanta.
7∗
Bendeciré a Yahvé,
porque me (lo) hizo entender,
y aun durante la noche
me (lo) enseña mi corazón.
8∗
Tengo siempre a Yahvé ante mis ojos,
porque con Él a mi diestra no seré conmovido.
9∗
Por eso se alegra mi corazón
y se regocija mi alma,
y aun mi carne descansará segura;
10∗
pues Tú no dejarás a mi alma en el sepulcro,
ni permitirás que tu santo
experimente corrupción.
11∗
Tú me harás conocer la senda de la vida, 
la plenitud del gozo a la vista de tu rostro,
las eternas delicias de tu diestra.

∗ 1. Himno es la probable traducción de la voz hebrea Miktam, cuyo sentido es oscuro y admite, también la versión “inscripción” (cf. Salmo 56, 1). Los rabinos solían llamar a esta plegaria “Salmo de oro”, por lo acabado y sublime de su inspiración. Su carácter mesiánico se deduce de muchos términos que no pueden aplicarse a David ni a otros, sino solamente a Jesús. Esta es la interpretación unánime de los Santos Padres y de los apóstoles mismos (Hechos 2, 25 ss.; 13, 35 ss.). De no haber admitido los judíos la interpretación mesiánica de este Salmo, carecería de sentido esa argumentación de los
apóstoles. Presérvame, pues me refugio en Ti: Vemos aquí anticipada la doctrina de Jesús: “que te sea hecho según tu fe”. La confianza con que esperamos es la medida de lo que recibimos. El que nada espera, nada recibe (cf. Salmos 16, 7; 17, 31; 32, 22).

∗ 2. Es decir: Dios es para nosotros el único bien verdadero (cf. Salmo 72, 25; Romanos 16, 27 y nota). El sentido absoluto con que se expresa esta verdad ayuda a entender los versículos que siguen. La Vulgata también expresa aquí una hermosa verdad: “Tú eres mi Dios porque no necesitas de mis bienes” (cf. Salmos 49, 7-13; 39, 7; Isaías 1, 11). San Pablo lo confirma elocuentemente en Hechos 17, 25.

∗ 3 s. Pasaje estropeado en el texto. Esta interpretación, que es la de Lagrange, Gunkel, Ubach, etc., tiene, como dice este último, “la ventaja de dar un sentido satisfactorio a toda la estrofa y presentar el versículo 3 como una contraposición muy relevante de los sentimientos que el salmista ha expresado en el versículo 2”. En esta expresión irónica y despectiva habría quizá una alusión a los ídolos cananeos o fenicios y a las libaciones de sangre humana. Cf. Isaías 57, 1 ss.

∗ 5 s. El salmista, que como refugiado se encuentra en un país pagano, recuerda la noble herencia que le cupo en suerte: el país prometido, la verdadera religión, el culto del Altísimo. La felicidad que siente el santo profeta al acordarse de este privilegio debe estimularnos a amar y cultivar como la más preciosa herencia nuestra fe de cristianos, que hoy comporta, para el creyente verdadero, promesas aún más altas que las de Israel (cf. Efesios 1, 1 ss.; Hechos 28, 23 ss. y nota), aunque sabemos que el nombre de “cristiano” será objeto de la burla y odio del mundo (Hechos 11, 26; I Pedro 4, 16 y notas).

∗ 7. Es la alabanza y gratitud a Dios por el don de penetrar las cosas espirituales, que el hombre simplemente intelectual no posee (I Corintios 2, 14 s.; 12, 2 y notas); don que sólo se da a los pequeños (Lucas 10, 21) y que lleva al alma recta a la sabiduría, con la cual nos llegan todos los bienes (Sabiduría 7, 11).

∗ 8. Empieza aquí la importante cita dogmática que San Pedro hace de este pasaje como profecía en Hechos 2, 25-28 (cf. nota). Considerado desde otro punto de vista, para la vida espiritual, este constante cultivo de la presencia de Dios, es, según San Buenaventura, la más preciosa espiritualidad, pues a cada instante aumenta en nosotros las virtudes teologales, por nuevas luces del Espíritu Santo, y equivale a la oración constante de que nos habla San Pablo (I Tesalonicenses 5, .17); pues este divino Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables (Romanos 8, 26) y derrama en nuestros corazones la caridad de Dios (Romanos 5, 5). Esa presencia delante del Padre ha de ser filial, es decir, eminentemente confiada, teniendo en cuenta que Él nos mira con infinito amor y bondad (cf. Salmo 102, 13), y se traslada Él mismo a nuestra alma juntamente con Jesús (cf. I Juan 3, 1; Juan 14, 23, etc.).

∗ 9. Descansará segura: En la esperanza de la resurrección (San Agustín). ∗ 10. Alma: Significa vida, todo el hombre. Aquí se muestra a todas luces el carácter mesiánico de este Salmo. David no habla por su propia persona, sino en representación de Jesucristo, quien predice su Resurrección (véase Hechos 2, 25 ss. y 13, 34 ss.).

∗ 11. Las delicias de tu diestra: Aquí no se trata ya sólo de la unión espiritual con el Esposo, que el Cantar presenta como el abrazo de su diestra (Cantar de los cantares 2, 2; 8, 3 y notas); en sentido mesiánico alude a la Humanidad santísima del mismo Cristo sentado para siempre a la diestra del Padre y recibiendo la misma gloria que eternamente tuvo el Verbo en el seno de la divina Trinidad (cf. Juan 14, 10 ss.; 16, 16 y 28; 17, 21 ss.). Allí está Él desde su Ascensión hasta que venga para hacer nuestro cuerpo semejante al suyo (Hechos 3, 20 s.; Filipenses 3, 20 s.). Y entretanto sólo piensa en rogar por nosotros (Juan 14, 16; Romanos 8, 34; Hebreos 7, 25), pues la gloria que Él ansia dar al Padre consiste en obtener para nosotros el sumo bien (Juan 17, 2 y nota).

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