Salmo 40 (41)


David compuso este Salmo refiriéndose muy probablemente a la infame traición de Aquitófel en la revuelta de Absalón (II Reyes 16); pero su alcance mesiánico es evidente y no podría negarse sin temeridad, dice San Crisóstomo, pues Jesús mismo se lo aplica en Juan 13, 18. Todas las estrofas exhalan una confianza inquebrantable en Dios misericordioso que hace feliz a quien piensa en los pobres y cuya bondad no abandona al perseguido.

Leer más Salmo 40 (41)

Salmo 39 (40)


Sacado de un gran peligro, entona el santo rey este himno para contar las maravillas del auxilio de Dios y pedir nuevas gracias en sus tribulaciones.

Leer más Salmo 39 (40)

Salmo 38 (39)


Iditún, jefe de coro, contemporáneo de David, uno de los músicos del Santuario (I Paralipómenos 23, 1; II Paralipómenos 5, 12), tal vez el mismo que Etán (I Paralipómenos 15, 17).

Leer más Salmo 38 (39)

CÁNTICO DEL HERMANO SOL [Cánt]oALABANZAS DE LAS CRIATURAS


CÁNTICO DEL HERMANO SOL [Cánt]oALABANZAS DE LAS CRIATURAS 2A ti solo, Altísimo, corresponden,y ningún hombre es digno de hacer de ti mención. 3Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,especialmente el señor hermano sol,el cual es día, y por el cual nos alumbras. 4Y él es bello y radiante con gran esplendor,de ti, Altísimo, lleva significación. […]

Leer más CÁNTICO DEL HERMANO SOL [Cánt]oALABANZAS DE LAS CRIATURAS

Salmo 37 (38)


Este Salmo, que comienza como el Salmo 6, es el tercero de los siete penitenciales, y contiene la más honda descripción de un alma penitente, víctima del dolor y de la persecución

Leer más Salmo 37 (38)

Salmo 36 (37)


En el original es alfabético así como el Salmo 24, el 118, etc. empezando cada sentencia con una letra del alfabeto (alefato) hebreo. En su substancia es una exposición maravillosa de la divina Providencia, cuya lectura y meditación, como decía San Isidoro de Sevilla, es medicina soberana contra las murmuraciones y las inquietudes del alma frente a esos escándalos atroces que harían vacilar, si posible fuera, aun a los elegidos (Mateo 24, 24)

Leer más Salmo 36 (37)

Salmo 35 (36)


David empieza mostrándonos el proceso interior de la conducta del impío; luego se vuelve al Señor para alabar su bondad y justicia y termina señalando la caída de los soberbios.

Leer más Salmo 35 (36)

Salmo 34 (35)


En este Salmo el Rey profeta, perseguido probablemente por Saúl, habla como figura de Cristo y presenta al Padre bajo la imagen guerrera de un caudillo invencible, como lo hace Moisés en su cántico de Éxodo 15, 3, donde “Yahvé es un fuerte campeón”. Sólo el Señor salva al perseguido y castiga a los perseguidores. Cf. Salmo 34, 11 y nota.

Leer más Salmo 34 (35)

Salmo 33 (34)


El “epígrafe” explica las circunstancias históricas que originaron este Salmo. David se había refugiado en Gat, ciudad de Filistea, donde el rey Abimelec (llamado Aquis en I Reyes 21, 13), le dio hospedaje, pero lo despidió cuando David, para salvar su vida, se fingió loco (véase I Reyes 21, 13-15).

Leer más Salmo 33 (34)

Salmo 32 (33)


Este precioso Salmo, que según la Vulgata es de David, contiene, como el 102, uno de esos estupendos elogios de Dios en los cuales desahoga su admiración nuestra alma cuando el Espíritu Santo la mueve al agradecimiento.

Leer más Salmo 32 (33)