Salmo 49 (50)


Asaf, un levita de la familia de Gersón, era maestro de música en tiempo de David (I Paralipómenos 6, 4-28; 15, 17 y 19). Doce Salmos llevan su nombre. En éste reprueba la religión formulista, que se cifra en prácticas exteriores, especialmente en el ofrecimiento de víctimas.

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Salmo 48 (49)


Oíd: Solemne llamamiento de la Sabiduría. Así también habló Moisés en el gran mandamiento: “Schma Israel” (Deuteronomio 6, 4). Hace resaltar el salmista en cuatro versos (2-5) la importancia del tema que va a tratar: la prosperidad de los pecadores no es más que apariencia. Los gozos y bienes de este mundo son falaces. Solamente el necio confía en ellos. Sobre los privilegios supremos que da la Sabiduría, véase Proverbios cap. 8 ss.; Sabiduría 6 ss.; Eclesiástico 24 y 39; 51, 18-38; Daniel 12, 3; Mateo 5, 19, etc. Jesús resumió todas esas maravillosas promesas al decir que María, la que escuchaba, eligió la mejor parte (Lucas 10, 42).

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Salmo 47 (48)


Este Salmo celebra a la Jerusalén liberada, en honor de Dios su libertador. Fillion lo llama “canto de victoria como los dos precedentes”.

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Salmo 46 (47)


El nuevo Salterio Romano titula este Salmo “Dios, Rey vencedor, asciende al trono” y resume así su contenido: “I. Dios, magno Rey, sujeta a su pueblo todas las naciones (2-5).

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Salmo 45 (46)


La. Vulgata dice en el epígrafe: para los misterios, y los Padres le atribuyen carácter profético, alusivo a la liberación de la Iglesia y triunfo final de Cristo sobre todos sus enemigos, cosas que en tiempo de David (y aun hoy en parte) eran secretos arcanos de Dios (San Roberto Belarmino).

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Salmo 44 (45)


Los LXX y la Vulgata dicen en el epígrafe: Para aquellos que han de ser mudados, es decir, según S, Jerónimo, los santos, los cuales —dice San Atanasio y San Cirilo— serían tanto del judaísmo como de la gentilidad (cf. I Corintios. 15, 51 s.; I Tesalonicenses. 4, 16 s., texto griego). Otros leen Azucenas de la Ley como en el Salmo 79, 1 (cf. nota). Es este Salmo proféticamente mesiánico. De ahí el título: Canto de amor, o Cántico al Amado (San Jerónimo). Es de notar que, según San Roberto Belarmino y otros, este Salmo sería de David, no obstante hallarse incluido en la colección atribuida a los Coreítas, así como sabemos que el Salmo 2, tenido por anónimo, es también del Rey Profeta, porque así se declara en Hechos 4, 25. Describe a “Cristo como Rey” que se presenta en gloria y majestad (versículo 4), y luego su esposa la reina en toda su hermosura.

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Salmo 43 (44)


En los días antiguos: En que Dios estableció su pueblo en el país de Canaán. El salmista, hablando en nombre del pueblo (cf. Salmo 101, 1 y nota), hace un paralelo entre esta gloriosa época de la historia de Israel y los males que lo afligen. Algunos han creído que su época es tal vez la sangrienta invasión de los idumeos, mientras el rey David ausente combatía a los sirios (Salmo 59, 1; II Reyes 8, 13; I Paralipómenos 18, 12).

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Salmo 42 (43)


Este Salmo, con que comienza la Misa, es continuación del anterior. El conjunto forma tres partes terminadas por un mismo refrán: 41, 1-6; 7-12; 42, 1-5. Sobre el probable autor, cf. nota 1 del Salmo 41, ¡Hazme justicia… y aboga en mi causa! ¿Quién, que no fuese Él admitiría que se le invocase como abogado y juez a un tiempo?

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Salmo 41 (42)


Empieza el segundo Libro, que contiene los Salmos 41-71, llamados Elohistas, porque en ellos Dios se llama generalmente, en vez de Yahvé, Elohim (plural hebreo con que comienza el Génesis), si bien en realidad el grupo de los Salmos Elohistas dura hasta el Salmo 82, y aún más allá en ciertos casos (cf. Salmo 83 de inspiración análoga al presente). Este cántico lleva el nombre de los hijos de Coré, y su autor es, según se cree, un levita de entre ellos, alejado de Jerusalén, probablemente hacia las laderas del monte Hermón (versículo 7).

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Los Salmos


Los Salmos Se ha dicho con verdad que los Salmos -para el que les presta la debida atención a fin de llegar a entenderlos- son como un resumen de toda la Biblia: historia y profecía, doctrina y oración. En ellos habla el Espíritu Santo (“qui locutus est per prophetas”) por boca de hombres, principalmente de […]

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