Jesús es Radical

Jesús es Radical

Cuando leemos los evangelios, vemos a un hombre que se la da todo por el todo. No espera una reacción condescendiente de prácticamente nadie; un hombre que llega a donde quiere llegar. Claro, esto no quiere decir que no tenga problemas o sufrimientos, o incluso tentaciones.

Es suficiente leer a cualquiera de los evangelistas y se comprenderá que se trata de un hombre de principios, y de eso justamente se trata la radicalidad. Radical significa que va a las raíces y evidentemente Jesús, partía desde la raíz de todo. A Jesús no le interesan las «medias tintas», es alguien que va al fondo y abandona las periferias esponjosas, es de los que van al núcleo, al corazón de todo.

Algo de suma importancia es que Jesús no era políticamente correcto, eso no iba con él. No estaba buscando quedar bien con alguien que le convenía o condescendía con pequeñas mentiras. Él quería que la verdad prevalezca sobre todos y sobre todo.

El católico es el cristiano por antonomasia, por lo tanto es radical.

La verdad es radical y debe ser respetada radicalmente, por eso, el católico no puede ser mediocre, debe ser como Jesús, es decir, ir al centro de las cosas, buscar lo más profundo de la enseñanza y la Buena Nueva. Jesús decía que debemos «ser mansos como una paloma y cautos como una serpiente» (Cf. Mt. 10, 16). Siempre debe prevalecer la verdad, pero no debemos volvernos personas groseras que al cubrirnos con la verdad, nos volvemos indolentes ante el dolor humano. Cristo vino al mundo para sanar a los enfermos… pero cuidado, no vino a ser un enfermo más.

Ir con la verdad es tremendamente difícil. Se requiere un corazón de seda y al mismo tiempo, un corazón de acero. En cada momento vienen tentaciones con la verdad, y es que queremos moldearla a nuestros intereses, sacrificarla por supuestos bienes mayores, por misericordias fingidas que llevan aún más a la perdición.

Jesús mantuvo una relación radical con la verdad. Cada cosa en su lugar, cada momento para lo justo. Dios es el único que puede hacer eso de manera totalmente radical y a nosotros nos toca buscar esa perfección, tal y cual como lo dijo Jesús, «Sed perfectos, como lo es mi Padre que está en los cielos» (Cf. Mt. 5, 48). Entonces, debemos conformar nuestra voluntad a la voluntad del Padre y conseguiremos ese orden divino.

Todo lo que hacemos dentro del mandato de Jesús debe ir a Jesús, es decir, a la verdad. No con caminos cambiados, no con recovecos buscando posiciones prevalentes, sino con el amor propio de Dios hacia lo creado. La verdad no se esconde, la verdad no escandaliza, la verdad está aquí en el ahora. La verdad responde. No así la mediocridad que busca esconderse. Se sumerge entre las sombras y da criterios ambiguos y forjados y de acuerdo a la conveniencia del momento, eso no es católico. El católico es radical.

Jesús fue radical. Su vida y sus enseñanzas fueron radicales. Cada enseñanza, cada parábola va hasta el fondo de las cosas. Comprende el meollo de las circunstancias y nos llama a nosotros a hacer lo mismo, a ser radicales.

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